20110620

Divagando

Este es uno de esos magníficos días en los que un mango puede saber a gloria, descubres el nombre de una canción que tarareas desde el principio de los tiempos sin saber cuándo fue la primera vez que la escuchaste, te quedas fascinado viendo cómo lentamente cambia el color y la textura del tomate picado en trozos de 0.64 centímetros cuadrados de base o le cedes el paso a una hormiga exploradora sin prisa en el jardín donde los senderos se bifurcan.
    Este día es de esos en los que el sentido común (el menos común de los sentidos) se desvanece, los cables se cruzan, ideas flotantes aterrizan y toman forma, condensandose en  la primera esquina que encuentren, te entra un frenesí indescriptible, los pensamientos fluyen demasiado como para haber salido a caminar sin papel y lápiz.
    Este día el caminar sobre el adoquín en el andén occidental de la trece pasando la treinta y nueve detona pensamientos relacionados con la vida aburrida y el universo que a primera vista para el ingénuo es un fractal que está tan cerca, tan evidente, tan en la punta de la nariz que no lo vemos, y luego ¡plaf! Las estructuras a repetirse mutan increiblemente.
    Este día es para sentir que el universo a gran escala está gobernado por la gravedad, que la naturaleza en estas magnitudes astronómicas tiende a ordenarse en esferas, estrellas, bolas de gas brillantes, calientes y bonitas que a la larga se agrupan en estructuras galácticas que pueden ser irregulares (no tantas), esferoidales que pueden rotar lo suficientemente rápido para achatarse en elipsoides de revolución, e increiblemente se tienen estructuras en espiral, discos planos con un bulbo o con una barra de cientos de millones de bolitas incandescentes como nuestro Sol, que se encomienden los humanos sobrevivientes al final del astro rey cuando la Vía Láctea choque con Andrómeda en un coito fantasmal, ¡jo! Nimiedades cuando se piensa en las superestructuras de galaxias, gas y polvo (con su misteriosa materia oscura), el universo está compuesto por gigantescos hilos de materia entre enormes vacíos, donde lo homogéneo es la nada, el reino del vacío.
    Entonces vamos a escalas menores, del orden de la estatura humana, donde las fuerzas electromagnéticas mandan, aunque la gravedad nunca deja de hacerse notar. Gracias al reordenamiento de los electrones es que se forman las moléculas, un átomo de oxígeno le roba sus electrones a dos átomos de hidrógeno y zaz, tenemos agua, métele carbono, nitrógeno, pizcas de hierro, fósforo, potasio, yodo... las moléculas se arreglan en estructuras tan maravillosas y complejas como una bacteria, un árbol, un pez, vos y yo.

En la geometría euclidiana un punto es una región en el espacio que no tiene grosor, conceptos matemáticos que aparentemente nunca se encontrarán en la realidad, mero platonismo. Si dibujas un punto con un lapiz, al mirar con una lupa tienes una mancha con un diámetro medible, si usas una aguja hiperfina para poner una gota de tinta en el papel, quizá sea tan pequeña la gota que no pueda ser vista, sin embargo con un microscópio electrónico veras de nuevo la gota sobre el papel como una mancha de un tamaño medible, y si pudieras explorar cuestiones aún más pequeñas que las moléculas encuentras que el átomo tiene un cascarón de electrones, un vacío absurdo y casi toda su masa está concentrada en un núcleo que no es puntual, por experimentos de bombardeo se ha medido la sección eficaz de los núcleos, simplemente no son puntuales. Pero si tratas de medir el tamaño de los electrones (¡jo! si lograras atrapar un electron por el cuello y decirle "quédate quietecillo para la foto" Heisenberg y Dios se revolcarían en sus tumbas) vas a ver que son puntuales. Eso es lo que arrojan los experimentos hasta ahora.
    Pero hace un siglo no teníamos ni idea que el universo era tan vasto, que tendríamos super-computadoras, que podríamos ver cuestiones más pequeñas que la longitud de onda de la luz visible, que me perdonen los particuleros, los cromoelectrodinámicos cuánticos, los teóricos avesados  y los astrofísicos que leen estas chorradas, pero parece que existiera por lo menos un ente divino que cambia las reglas de juego cuando la humanidad logra casi resolver el increible rompecabezas que son las leyes de la naturaleza, la ciencia. Esconden debajo del sofá la última pieza, y cuando la vamos a buscar la encontramos fragmentada, tumbamos por completo el edificio del conocimiento para reformularlo con cimientos más sólidos, acordes con las nuevas reglas de la pieza faltante fragmentada que cuando esté casi completa tendrá otro pedacito faltante escondido debajo de la nevera, los dioses carcajean, los humanos sonríen y aceptan el reto...
    Y si al llegar a medir el ancho del electrón, al tener una resolución mayor que la millonésima parte de la mil millonésima parte de centímetro (y a la par una resolución similar temporal) en una escala absurdamente pequeña donde de nuevo como en el macrocosmos mandara el vacío, la nada, si entonces se encontrara que el universo es discreto, si se econtrara que la materia no puede estar aquí o allá como le plazca sino que debe estar en esta celda u otra pero no entre las dos ni en las dos a la vez se tendría que la nada se repetiría periódicamente como los adoquines en el andén, quizá para entonces se vería que el todo es una grandísima nada en la que la materia es una ligera perturbación, como la vida moderna donde todos los dias son una repetición del día anterior enmarcados en un arreglo de siete dias para dar al cuerpo descanso, pero a la larga se repiten rutinas subyugantes y aburridoras que le quitan a la vida misma su escencia, algo que va mucha más allá de garantizar la permanencia de los genes propios por medio del sexo, la vida se convierte en una repetición de días justo como cuando se tiene una cuerda que se ata sobre si misma, dejando un nudo corredizo con un ojo por el cual se puede meter otro nudo corredizo que aprieta al anterior pero es apretado por el siguiente nudo corredizo, y se repite, y se repite. Cuando menos te das cuenta ya olvidaste cuándo empezaste a hacer nudos, pero no importa, sigues haciéndolos, sigues enrollando la cuerda sobre sí misma, sigues viviendo tu vida al diario. Nunca haces un break para pesar lo hecho, mirar hacia dónde vas, mirar qué has logrado, por que sería frustrante, muy frustrante, encontrarte con una serie de nudos que se repiten, que se entrelazan el uno con el otro, todos en un gran maxinudo de una cuerda con nudos vanos, un maxinudo lleno de nada, como el espacio discreto lleno de nada que se repite y se repite indefinidamente.

Entonces me viene el fatalismo, la malparidez tropical, la vida no vale nada, por que si quiero hacer algo útil con ella ha de ser algo trascendente, y careciendo de dios, concepto de vida después de la muerte, a la larga la humanidad se calcinará cuando el sol estalle, cuando la Vía Láctea colisione con Andrómeda, o más pronto, cuando nos acabemos entre nosotros con bombas termonucleares "limpias" (sarcasmo, ¡jo!) o con bombas biológicas, cuando un agujero negro supermasivo se trague la Tierra, cuando el universo colapse en un big crunch que de inicio en un borron y cuenta nueva a la misma historia, entonces quiero dejar de tejer la vida anundándole otro día mas.

Pero entonces miro literalmente el cordón de zapato que voy anudando. la trenza que amarro y suelto cada tres cuadras de caminar por la trece frente a la panadería San Fermín, pasando la estación de policía, llegando a Compensar. El nudo de nudos es hermoso. Veo entonces con otros ojos cómo se entrelazan este nudo con el anterior y el siguiente, cómo parecen tres cuerdas en vez de una, cómo de la simplicidad surge algo bonito, algo más allá de el simple entorchado de las fibras para formar la cuerda. El andén y sus adoquines es hermosa, patrón repetitivo que no es infinito, si lo miras desde lejitos, pero de cerca es tan simple y hermoso. Entonces me dan ganas de escribir sobre los nuditos, sobre el día a día, sobre la sonrisa de mi chica, sobre mis caminatas sin sentido por la ciudad como un vagabundo, cuestiones patafísicas, patabravas, metafísicas, pura filosofía barata que no pasará del fin de los tiempos, qué mas da, el Sol brilla chévere hoy.

Entonces sonrío.
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Filipo Rviz y el Taller del Cuento Ciudad de Bogotá 2008

Sobre esta página

Filipo Rviz / Felipe Gómez abre este espacio en abril de 2008 cuando hizo parte del Taller de Cuento Ciudad de Bogotá 2008.
Dirigido por Carlos Castillo Quntero
http://www.tcuentobogota.blogspot.com

Desde entonces esta Bolsa de Ideas reune los relatos preliminares.


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