20110627

Guayabos Bravos


Me encanta la ciudad solitaria. Me encanta ver Monserrate y Guadalupe nublados, el olor a calle mojada, la soledad del lunes festivo a las 5:50 a.m. con sus panaderías cerradas. Es extraña esta hora en este día en particular, no es como la madrugada del Domingo, que para la ley también es festivo, es distinto, es el aire de engaño al Lunes de trabajo, al lunes de alienación, al lunes opresor esclavisante de la rutina, viene como un dejà vu, recuerdo de tantas tomatas donde se seguía de largo bebiendo como los peces en el río, como si el mundo acabara al día siguiente, cómo si la evolución nos hubiera dado el hígado tan solo para procesar el consagrado chupe. Días de jarteras tremendas e infinitas. Domingos malditos para meter la pata ebrio y despertar el Lunes Festivo (con mayúsculas) con un guayabo moral at infinitum.

Despertar con la carga más grande en los hombros, ahogarse en un vaso de agua con tonterías que en ese momento son hecatombes prístinas, ineluctables. Sonrío. Esta mañana es distinta, hoy me levanté por mi propia cuenta dos horas antes que sonara la alarma, hoy mi ciclo circadiano manda la parada, quizá son ansias, hay afán por leer "La Caverna" de Saramago, hay ganas de pasear por tierras macondianas olvidadas cuando se fue el tren, viajar con Alfonsina.

Mientras paseo al perro pienso en lo uno y en lo otro, pienso en cómo aquellas noches de borrachera, con enlagunadas, vomitadas, metidas de pata varias (bien sea manoseando a la chica del lado, gozándose [i.e. parchar, rumbiar, besar] la novia del compadre, declarándole el amor a la madre de la amiga que nos prestó la casa, rompiendo los enseres del bar o del apartamento del anfitrión, caminando transeúnte y horas desde una finca hasta el pueblo en la madrugada, dejar a la novia después de putearle, tratarle de zorra, decirle cuanta cosa escatológica viniera a la mente nublada por el bonito radical OH...), sonrío. Esos Lunes Festivos eran fatídicos. Quizá lo más angustiante era salir a la calle y no ver nadie, quizá era necesario encontrar en el transeúnte anónimo el juez que me declarara borracho/chirrete maldito y me condenase a alguna vaina. 

Era eso, buscar un castigo que corrigiera esas metidas de pata. Lo mejor del caso es que ninguno de los protagonistas de la juerga de la noche anterior tenía criterio para aconsejarme, y los demás no podían saber, es y será el eterno secreto entre parranderos, "lo que pasó anoche no sale de la boca de los presentes".

Empieza a lloviznar, es un espantabobos, Perris no ha hecho sus cosas de perro. "Apúrate Perris, ¡muévete!",  nos vamos a lavar. El perro hace caca, me hago el loco, hoy no recogeré caca. le digo entonces "Sigue adelante". Jo! Si alguien me hubiera dicho lo mismo, esos guayabos no hubieran sido tan bravos.
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Filipo Rviz y el Taller del Cuento Ciudad de Bogotá 2008

Sobre esta página

Filipo Rviz / Felipe Gómez abre este espacio en abril de 2008 cuando hizo parte del Taller de Cuento Ciudad de Bogotá 2008.
Dirigido por Carlos Castillo Quntero
http://www.tcuentobogota.blogspot.com

Desde entonces esta Bolsa de Ideas reune los relatos preliminares.


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