20110122

Albahaca y Orégano

"Entonces los duendes decidieron esconder la felicidad del hombre dentro de él mismo."

Sales a trotar en ayunas, no quieres un circo beat en las tripas que te cause un calambre intestinal. Finalizas, estiras para sacar el ácido láctico y evitarse en tres días dolor punzante de agujas cristalinas microscópicas desgarrando tejido muscular. Vas a la tienda de los vecinos, compras cebolla larga y otras cosas para el almuerzo, por lo pronto unos huevos pericos.

Ya eres presa de la monotonía. Aquella receta tradicional que encontraste empíricamente con años de dedicación (no exclusiva) llevaron a la perfección, el mismo sabor que conoces desde hace ya un cuarto de siglo. ¿Qué sentido tiene cocinar así? Una prima dijo alguna vez que los hombres tenían una sazón mucho mejor que la de las mujeres. Mayéutica. Le parecía muy rico como cocinas, como cocina el hermano, como cocina el padre. ¿Por qué? ¿Qué hace tan distinta la comida de la madre o la de las abuelas? Sin embargo el sabor de las abuelas supera al de la madre. ¿Qué es entonces? La prima está acostumbrada a comer todos los días (o por lo menos el 95% del año) lo preparado por la madre. Los fines de semana come donde las abuelas. El padre y el hermando cocinan esporádicamente. Cest' tout.
"Mierda, no hay mantequilla." ¿Te jodiste amor? ¿Que harás ahora sin la proporción justa de grasas animal y vegetal? Sabes que sin mantequilla la materia grasa no será óptima. "El enemigo de las cosas buenas son las mejores" refrán del taita. Deberías dejar de perseguir esa quimera de los huevos pericos perfectos, deberías dejarte llevar por los giros de la vida. Ve calentando de una vez el café.

Al menos tienes la cebolla larga, le da ese toque que la cabezona no podrá jamás. Pícala finamente. No la pongas a sofreir en aceite de oliva, sabes que es fino y toda la cosa, pero no es el sabor adecuado, quizá en otra ocasión, deja esta vez al viejo y humilde aceite de soya. Saca el tomate, lávalo bien. ¡No le pongas medio tomate hombre! Esto no es una salsa napolitana. Toma solo un cuarto, que sea una vez y media el peso de la cebolla picada. Deja sofreir, un poco de sal, prueba y corrige de ser necesario.

Quiebra los huevos, ¿quieres dártelas de chef master? Adelante, si los rompes al tiempo, uno con cada mano, seguro caerán trozos de cáscara, adelante iron chef, eres un fraude. Estás loco, te ries solo. Tienes suerte que nadie te esté mirando. Saca esas cáscaras de ahí, busca la sal... Mira lo que tienes ahí atrás. ¿Es orégano o mariguana? Es solo una broma, cambia esa cara. Tanto que peleaste por que lo metìan a la nevera y mira, lo olvidaste ahí en ese rincón oscuro y seco. Ponle a los huevos algo menos que una cucharadita. Sobre la nevera hay un ejemplar deshidratado de ocimun basilicum o albahaca que llaman los no botánicos. Será suficiente media hojita, tiene un sabor fuerte, muélela en la palma de las manos. Apresùrate, el guiso se está secando.

Apaga el fogón del café, ya está subiendo la espuma de la leche. Hermano, ese par de especias le dan un toque único. Y pensar que han estado ahí en la cocina, con la pimienta, el tomillo y el laurel desde hace años. Tal vez los demás tienen razón, tal vez eres un sicorígido absurdo con miedo al cambio. ¡Ajá! Ya le estás metiendo la cuchara, deja que cuaje un poco la cosa, bueno, pues vale el pretexto de revisar que no se esté pegando, aunque es algo retórico. sabes que los huevos sea cual sea su presentación se te queman solo fuera de esta cocina. Jugar de visitante tiene sus desventajas, mucho peor la cosa si tienen teflón, o si es a nivel del mar. Tienes chance si y solo si te quedas entrenando una semana en la cocina anfitriona, deberìas ir a cocinar en los pirineos uno de estos días, pero lleva tu cacerola de aluminio, llevas años conociendola.

¿Sientes el sabor? Diste con la cantidad justa de albahaca, ni poca como para no sentirla, ni mucha como para hastiarse con solo oler. Y eso que está deshidratada. ¿Por qué comes tan rápido? Maldita sea, ¡disfruta cada bocado! tienes tiempo, no te afanes. Esa sonrisa en la cara indica que estas contento. ¿Orgulloso por esta creación? ¿Creación? Pues, es una palabra que encierra bastante. Somos mas de seis mil millones de habitantes (vivos) y crees que eres el único que ha comido huevos pericos con aceite de soya, albahaca y orégano. Pretencioso. Bueno, pues no creo que sean más de setecientas personas las que se les ocurra preparar el desayuno así. Pues no es algo de patentar, pero ahora tienes un plus para tus visitas, tienes el desayuno de la casa.

Ahora báñate y vete a tu pueblete (la cabra vuelve al monte), y ahora que lo has visto, sabes que el que no arriesga una situación monótona y a la larga cotidianamente insatisfactoria está frito.
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Filipo Rviz y el Taller del Cuento Ciudad de Bogotá 2008

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Filipo Rviz / Felipe Gómez abre este espacio en abril de 2008 cuando hizo parte del Taller de Cuento Ciudad de Bogotá 2008.
Dirigido por Carlos Castillo Quntero
http://www.tcuentobogota.blogspot.com

Desde entonces esta Bolsa de Ideas reune los relatos preliminares.


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