20090209

Sobresaltos


El politombo finalmente se ha dormido.

Deliraba y deliraba, estaba tan cansado que no se quitó siquiera el casco de su armadura, la que ahora viste en sueños. Pero esta no es la tradicional de fibra de vidrio, tampoco es la ultra- deseada armadura de fibra de carbono que tienen en el SWAT, este ilustre caballetro tiene lo más moderno, Keblar, si señor, ni las balas antitanque pueden penetrarla.

Tiene un escudo de policarbonato transparente, con un hermoso ESMAD pintado en letras negras lacadas, brilla con el inusual radiante sol de otoño de la campiña inglesa.

Sabe por qué fue enviado a este lugar y a esta fecha. Hoy no va simplemente a defender el orden público, hoy cambiará la historia. Sabe que los ejércitos llegaran dentro de poco. Corre como el viento hacia el costado norte del rio, corre sin inmutarse por el temblar de la tierra con los pasos de miles de hombres.

Cuando lo ven se aterran. Han estado a punto de perder en los últmos combates, han sido diezmados, su voluntad ha decaido, necesitan la mano de Dios para ganar esta. Se preparan los lanceros, se empuñan las espadas en su contra, las hachas se levantan, el politombo alivia su paso, encuentra al lider que lo mira desafiante, ocultando su pánico ante el angel de la muerte.

El politombo se acerca ignorando las armaz que le apuntan. No solo por que no lo pueden hacer mayor daño, ellos presienten que estan en su bando. Se acerca al lider, deja caer su escudo y se quita el casco, lo toma bajo el brazo izquierdo mientras el derecho se pliega dejando su puño cerrado en su corazón, luego se arrodilla. Las palabras sobran. Igual él no podría entender este vocablo en desuso desde hace mas de cinco siglos. El ejército que guardaba un silencio aterrador grita de alegría cuando el lider le ordena al politombo ponerse de pie. Juntos ganarán esta batalla.

Las hordas del rey están a la vista. El lider da su grito de guerra, cuatro mil hombres al unísono lo acompañan. El politombo tiene su casco puesto, el escudo bien agarrado, es hora de correr. Los arqueros del rey lanzan el primer ataque apuntando casi al cenit en vano, se han sabido proteger estos tios. En el segundo ataque apuntan hacia los cuerpos que avanzan. El politombo protege al lider de las flechas, a diestra y siniestra caen hombres, no importa, esta batalla se ganará.

Cuando está a unos cien metros de los hombres del rey, carga su lanzador de gases lacrimógenos, y al buen estilo rambo y terminator dispara sin dejar de avanzar. Nadie antes había experimentado esa maldita magia que pone a los hombres a chillar. Acaba con sus municiones, treinta y dos cartuchos de tres gases cada uno, calculo que unos dosmil hombres estarán por el momento fuera de combate.

Al ver a los hombres del rey revolcándose como niñitas entre el fango, el ejército del norte cree haber visto un milagro similar a la caida de Jericó. Los hombres nómadas se llenan de valor, la adrenalina les sube la presión, volarán sus arterias si sigue así la cosa, pero no, la sangre derramada es de los ingleses, vuelan piernas, brazos y cabezas de hombres uniformados.

El politombo siente que es su hora de participar. Se libera del escudo y saca su sable de luz. Siente el olor de la carne humana quemada y cocida, delicioso aroma mezclado con el metal fundido y los gritos ahogados de los mutilados. Su espada es limpia, atravieza cientos de hombres sin derramar una sola gota de sangre, la mitad muere al ser cortada en dos, la otra mitad increíblemente sobrevive a los desmembramientos, el sable corta y cauteriza la herida, dejando de inmediato el muñon del soldado fuera de combate.

¡Déjà vu! Ha cometido de nuevo el mismo error. Ha dejado desprotegido al lider. Mierda, piensa el politombo cuando ve diez hombres prestos a atacar por la espalda al director de la insurreción

- ¡Wallace!

Es lo último que el politombo puede gritar, antes de despertar, de nuevo en la tanqueta, de nuevo sin saber si va o si viene de prevenir disturbios de estudiantes de historia, que quizá, también sueñan con fabulosos temerarios de la edad media.

No hay comentarios:

Filipo Rviz y el Taller del Cuento Ciudad de Bogotá 2008

Sobre esta página

Filipo Rviz / Felipe Gómez abre este espacio en abril de 2008 cuando hizo parte del Taller de Cuento Ciudad de Bogotá 2008.
Dirigido por Carlos Castillo Quntero
http://www.tcuentobogota.blogspot.com

Desde entonces esta Bolsa de Ideas reune los relatos preliminares.


Derechos de Autor

Felipe Gómez © 2007 - 2013
Todos los derechos reservados.