20080426

Cuento para Participar en la Convocatoria

Feliz Cumpleaños Hugo


13 de febrero de 2008

Hoy desperte con ganas de matar a alguien.

Ası simple, cegar una vida, como se apaga una vela con un suspiro.
Antes del amanecer abro los ojos, el techo sigue allí, testigo mudo del escándalo de la noche anterior, una absurda escena de celos secuela de los chismes y engaños de la amable vecina.

La cortina se mueve en un delicado vaivén, casi imperceptible, tan lento como mi respiración, tan serena. No sé cuanto ha pasado mientras inmóvil me preparo para levantarme. Estiro brazos y piernas, los tendones y los músculos se preparan para otra larga jornada de trabajo, me siento en el borde del sofá, miro detenidamente al suelo antes de posar en el mis pues descalzos. Sin encontrar pequeños destellos en el baldosín, mi búsqueda de vidrio y trozos de cerámica es infructuosa. Anoche la maceta voló por sobre la sala, atravesó la ventana y encontró el reposo quebrándose afuera, junto con la mayoría de las esquirlas.

Que curioso, la amable vecina esta vez no escuchó ni vio nada.

Bajo el agua caliente pienso una y otra vez en estos años que he compartido junto a Claudia, poco mas de seis desde que nos conocimos en la oficina. Ella acababa de celebrar su cumpleaños número dieciocho, y de paso su primer empleo, a cargo de la fotocopiadora. Chica rebelde, escapando de casa alquiló un cuarto para e\-lla sola
en el centro, y se pudo mantener con los ahorros de los domingos que le daban sus padres cuando estaba en el colegio. Buscó empleo en diversos lugares, pero solamente en la oficina la contrataron pese a no ser bachiller, de todos modos ya era mayor de edad.

Desde el primer día nuestras miradas se cruzaron, los ojos gritaron "hey!, me atraes" incansablemente. Sin haber modo alguno de evitarlo, las cosas se fueron dando entre nosotros de una manera tan natural como oculta a la luz del público, pues estaban prohibidas las relaciones sentimentales entre empleados. Dos meses mas tarde e\-lla se mudó a mi casa, que aún no era mía, pertenecía legalmente al banco con el que había sacado un préstamos a quince años para pagarla. Tres meses después inesperadamente e\-lla quedó embarazada, esperando a Hugo. Los mareos, antojos, intensos dolores de cabeza, de piernas y de la cintura acrecentaron los rumores entre corredores. Un lunes por la mañana el jefe nos llamó por separado a su oficina. Dijo que se rumoreaba que Claudia y yo vivíamos juntos, y además que e\-lla estaba embarazada, pero el presumía nuestra inocencia hasta demostrar lo contrario cerrando sus oídos ante tantos chismes. Nos preguntó si todo esto era cierto, y respondimos negativamente a toda acusación como si la noche anterior hubiésemos planeado una coartada. Esa misma noche e\-lla volvió a vivir en ese cuarto en el centro. Pensamos que el amor lo lograría todo. Tres semanas después so pretexto "Programa de Prevención y Manejo de la Diabetes ,Hipoglicemia y Trastornos Alimenticios" nos tomaron muestras de sangre a todos los empleados.

Vencidos fuimos a la gerencia, sabiendo la muestra de sangre de Claudia iría a un examen de maternidad. Decidimos hablad con el jefe. El nos contó que efectivamente, todo el cuento de la hipoglucemia era una treta para desarrollar la prueba de embarazo para comprobar de una vez por todas lo que decían entre pasillos.
\textit{``a fin de cuentas, quien nada debe nada teme''}, nos recordó que el reglamento, y el castigo que traía nuestra el despido de los dos. El en en su buena fe, habiendo evaluado nuestras opciones, buscando como satisfacer la ley encontró que la renuncia de uno de los dos bastaría para salvarnos de todo el embrollo que
traería el que destapara esto. evitando que la muestra de sangre fuera al laboratorio. Si tomábamos esta oferta los dos saldríamos con la hoja de vida sin tacha. A\-cce\-di\-mos, y dado mi cargo y trayectoria en la empresa, e\-lla fue quien renunció.

Nadie habló de la posibilidad del aborto.

Nos casamos, y poco tiempo después nació Hugo, y Claudia se dedicó a su crianza, mientras yo trabajaba. Compramos un auto nuevo endeudándonos aún mas en el banco, un hermoso Toyota.


La situación de nuestro hogar era próspera, Había paz y amor. Renuncié en la empresa para emprender mi carrera como independiente,y vaya que fue una buena época para los contadores. Cuando Hugo cumplió dos años compramos una finca mas o menos cerca de la ciudad, a tan solo tres horas en auto, nuestro bonito auto. En un arrebato sembramos papa, buena cosecha, compramos luego una docena de reses. Teníamos planeado comprar parte de un terreno aledaño, habíamos acumulado el capital necesario cuando el país fue sacudido por la crisis económica.

Las diversas empresas que contrataban mis servicios quebraron y cerraron, otras simplemente ya no tenían como pagarme. Una serie de heladas devastaron cosecha tras cosecha. Nos vimos obligados a vender de vez en cuando un par de vacas para sanear las deudas que seguíamos adquiriendo con nuestro peculiar modo de vida consumista. ¿como mas podíamos costear cuatro tarjetas de crédito?. Para colmo de males nos extorsionaron, informamos a la fiscalía pero estos fueron incapaces de hacer algo, intentaron tranquilizarnos diciéndoos que todo esto era a leguas obra de principiantes.

Una noche después de cenar en un conocido restaurante en el centro de la ciudad regresamos a casa, encontramos en la cama de Hugo una carta, una amenaza de secuestro que parecía mas bien un balance de
nuestros movimientos bancarios del último año, junto un listado con nuestras propiedades avaluadas. Vendimos la finca y con eso pagamos la última extorsión. Nuestros bolsillos quedaron vacíos. Entonces por primera vez experimentamos hambre en casa, durante un maldito mes. Fue ese el cumpleaños mas triste de Hugo, sin un regalo.

Mi orgullo fue vencido por el hambre, entonces pedí de nuevo empleo en la oficina. E\-llos también habían sido afectados por la crisis monetaria, aún así me contrataron por la mitad del sueldo que tenía antes. Sin titubear acepté. Volví a trabajar con e\-llos, y en mis ratos libres enviaba hojas de vida a diestra y siniestra.


Mi sueldo no alcanzaba para pagar los dos préstamos en el banco, (aún no me explico por qué carajos no acabamos de pagarlos cuando aún teníamos la finca), en el colegio dejaron de recibir a Hugo por no pagar la pensión, y seguía en nosotros ese frenesí comprador consumista.

La estabilidad del matrimonio escapó por la ventana a gotas, todo por líos económicos. Llegar a casa se había convertido en una lid perpetua con Claudia, y el jefe no cedió ni una de las siete veces que le pedí un aumento. La última vez me dijo ``si sigue insistiendo lo despido''. Dos semanas me llamó a la oficina. y con pocas palabras me dio la buena noticia, el gerente general le había autorizado mi aumento. Mágicamente la paz retornó a la casa.

Cierro la llave, salgo de la ducha y aún con el agua goteando paso mi mano por el espejo quitando el vapor condensado para revelar ante mí lentamente un hombre cansado, ya con algunas canas. Pienso ``todo lo que dice la vecina es mentira''.

Una vez fuera del baño voy a la alcoba principal buscando mi ropa, mientras escucho el ruido de los trastos metálicos en la cocina, sé que es Claudia resignada preparando mi desayuno. Tomo del armario mi sastre francés, el que compré la semana pasada, mi camisa mas costosa y mi corbata mas fina. Hoy es un día muy importante. Los platos suenan al posarse sobre la mesa del comedor, con rabia me veo elegantemente vestido en el espejo del tocador.

Me siento en la mesa, cuchillo y tenedor en mano ahora atacando los huevos fritos para mezclar la clara con la yema, que está al dente, ni blanda ni dura, como solamente e\-lla los sabe preparar. Llega a la mesa con la cesta del pan y la coloca de tal modo que me muestra el hematoma que tiene en su antebrazo, donde impactó la matera para ser desviada hacia la ventana. Me confunde la expresión que tiene su cara, no sé si indica que perdió el respeto que tenía hacia mí, mostrando a la vez un terror infinito, como si le sirviese el desayuno a un ogro y no a su marido. Pero vislumbro una ligera señal de humildad, con algo de arrepentimiento. ¿siente culpabilidad?,¿aún
me querrá?.

Camina hacia la cocina, y mientras lo hace mueve seductoramente su cadera, bajo esa ceñida pijama está su hermosa figura, es una mujer joven, con menos de veinticinco años, sé que su vientre no tiene el menor rastro de un embarazo, sus senos son tan firmes como antes que naciera Hugo, quizá ahora con el cabello largo se ve mejor. En sus ojos se ve la llama, e\-lla tiene mucho por vivir, muchas cosas por hacer, pobre e\-lla, atada a Hugo y a mí.

Acabo de comer, levanto los platos y cuando los llevo a la cocina recuerdo que nunca, nunca cruzó por mi cabeza el mas mínimo pensamiento de infidelidad, no desde que la conocí. Mis compañeros de trabajo me decían que debía aprovechar a las empleadas domésticas, y confieso, en mas de una oportunidad ellas insinuaron... malditas, pero no me tentaron, siempre en mi corazón estaba presente Claudia.

¡Maldita sea!, ¿cómo e\-lla fue capaz de tirar con otro siendo mi compañera en sagrado matrimonio?, ahí está e\-lla, en la cocina, e\-lla que yo sé que no es pura, que ya no es mía, traidora, hipócrita descarada negándolo todo todavía.

Entonces cuento hasta tres, y no tomo el viejo mazo para hacer pan de la abuela, para golpear a Claudia en la cabeza repetidamente hasta dejarla inconsciente llenando de tibio fluido viscoso rojo oscuro muerte el blanco baldosín, y no la sigo golpeando hasta el cansancio matándola, y no la escondo en el refrigerador. Con tanto alboroto Hugo seguramente se habría despertado, o a lo mejor no, pero de todos modos hubiera sido una buena medida preventiva, y tal vez piadosa, asfixiarlo en su cama con una almohada antes de despertarlo. lástima que en el botiquín de primeros auxilios no hay cápsulas de cianuro.

Me despido de Claudia, sin obtener respuesta. Mañana, carro, autopista, trancón, fantasía de pitos de todas las marcas y todos los modelos en si bemol, choque leve con el auto de adelante, pelea infantil de groserías por un daño menor, finalmente una hora después llego al trabajo.

Y no espero pacientemente en mi deprimente cubículo de tres metros cuadrados que el jefe salga de su oficina y le diga con risitas ridículas a la secretaria que vuelve después del almuerzo.

Y no salgo detrás de él procurando que no me vea, hasta el parqueadero, él saliendo en su lujoso sedan y yo en mi porquería que aún no he acabado de pagar, ¿cómo lo lograría comprar algo mejor con este miserable salario?. No manejo teniendo en mente solamente el llegar a casa antes que él, así que me evito arrollar uno o dos peatones en el camino, pues es mas rápido correr a 70 km/h por las zonas residenciales que a 20 km/h en la autopista-trancón. dejo el carro dos calles atrás y me escabullo a casa por la puerta de atrás, cerrándola pero dejando cuidadosamente entreabierta la ventana contigua, y en el pasador una prenda de ropa interior de Claudia.

Me asalta todavía una duda, creo que Claudia hizo esto realmente por amor, ¿amor?, ¿esto es el amor?, ¿no era entregarse en cuerpo y alma única y exclusivamente a una y solo una persona para siempre?. Se lo merecía, amor solamente al dinero, eso era lo que e\-lla quería de mi.

Él entró por la ventana, tomó las bragas allí colgadas, su mirada se centró en ese trozo de tela que se acercaba lentamente hacia su nariz, con fuerza lo aplastó contra su bigote, y aspirando profundamente se regocijó con el aroma de Claudia. Cerró la ventana y melosamente empezó a llamarla... recuerdo muy bien lo que decía: \textit{``Claudita, tu maridito está trabajando, donde estás terroncito de azúcar?''}, mientras tanto caminaba hacia la alcoba principal y subiendo el tono de voz dijo \textit{vamos perra, no te escondas de mí}, olvidando completamente su cautela. No se percató que yo lo venía siguiendo como su sombra desde la cocina, quizá
alcanzó a escuchar el zumbido del mazo cortando el aire par a descargarse sobre su cráneo...

No debí pegarle como a Claudia...

Cuando me apresaron lo primero que pensé, fue que si no hubiese atrope\-llado a ese par de transeúntes despistados la policía no habría ido esa misma tarde a buscarme a casa, dándome así un par de días para limpiar completamente la escena, pero aún tendría el problema de los cadáveres. Quizá cortarlos de tal modo que pudiera acomodar a los tres en el refrigerador, y enviarlo por barco a un país del áfrica, o simplemente comerlos, que se yo.

Meses después pasó por mi cabeza la idea del aborto, si Claudia lo hubiera hecho, los momentos de crisis hubieran sido mas llevaderos, o quizá nos hubiésemos separado hace ya tanto tiempo, ella seguiría viva.

Cada mañana, al abrir los ojos y ver todo a mi alrededor aún empapado de oscuridad silenciosa, tengo el tiempo suficiente, sin levantarme, para reconstruir hasta el más mínimo detalle de todos y cada uno de los días que vivimos juntos. Si no la hubiera asesinado, la hubiera perdonado, ahora sé cuanta falta me hace, en el peor de
los casos nos hubiéramos divorciado, tengo la culpa de todo lo pasado, pues ya siendo maduro me dejé atrapar por un joven corazón indeciso... Cargo una cruz, e\-lla en su desespero por la condición económica de nuestro hogar vendió su cuerpo a cambio de un aumento de mi paga, e\-lla con su espíritu total y desinteresadamente entregado a nosotros, para e\-lla primero nuestro bienestar.

Y Hugo, hoy cumpliría dieciocho años...

Hoy te hubiera regalado las llaves del carro Hugo.
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Filipo Rviz y el Taller del Cuento Ciudad de Bogotá 2008

Sobre esta página

Filipo Rviz / Felipe Gómez abre este espacio en abril de 2008 cuando hizo parte del Taller de Cuento Ciudad de Bogotá 2008.
Dirigido por Carlos Castillo Quntero
http://www.tcuentobogota.blogspot.com

Desde entonces esta Bolsa de Ideas reune los relatos preliminares.


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