20111104

Abordaje


La señora gorda le hace el pare al colectivo. Lo hace sin ganas, ya se le han pasado otros carros tremendamente llenos, los conductores la vieron, negaron con la cabeza su petición y se rieron para sí mismos imaginando que tremendo trasero ocupa doble silla, por ende doble pasaje ella ha de pagar.
     El microbús en el que voy tiene puestos libres, este chofer, chófer, chauffeur le recogerá sin mofarse de su redondez. Estaciona con sumo cuidado el vehículo cerca del andén en pro de las cortas piernas de la señora gorda.
     La señora gorda inhala con fuerza, agarra la manija externa con la diestra, con la siniestra busca apoyo en la puerta del micro.  Sube la pierna izquierda y empieza a trasladar el peso pero sus rodillas no pueden con este. Resopla. Cuarenta de sus sesenta y ocho años los ha vivido con sobrepeso,  cuarenta años que pasan su factura en situaciones tan vanas como una caminata de cuatrocientos metros, agacharse en la cocina por un talego de papa pastusa, sentarse a orinar. Sin soltar sus manos echa para atrás su cuerpo.  Usará como fulcro su pie izquierdo, inhala con furia, flexiona la pierna derecha, cuenta uno, dos y tres, se lanza con la majestuosidad de una ballena jorobada que asoma su cabeza fuera del mar. El cuerpo de la señora gorda gira desacelerando sobre su pivote, el pie derecho se despega del suelo y es imperceptible cómo en ese momento el vehículo se ladea hacia estribor. Sus brazos tiemblan, su pierna izquierda está por desfallecer, en cualquier momento puede caer hacia atrás, a romperse la sesera contra el andén. Entonces ocurre un milagro. Flexiona la pierna al aire, con parsimonia busca apoyarse al lado de su compañera. Su esqueleto cruje.  El balanceo culmina superiormente, ha pasado el punto de no retorno, está dentro del colectivo.
     El señor conductor pisa el acelerador, la señora sufre su inercia con esfuerzo sobrehumano bamboleándose hacia atrás. Es notable cómo la edad reduce la velocidad de reacción. La señora gorda se mueve en un atmósfera aparte, densa como el agua, cada movimiento presenta resistencia del éter a su alrededor. A pesar de todo logra asirse de las barandas internas del carro. Los escalones son un obstáculo menor que evade fácilmente presto como un oso perezoso de rama en rama, de tubo en tubo.
      Para su volumen y edad es bastante autónoma. Si casualmente se baja en la misma parada que yo, bajaré primero y le daré la mano. O tal vez me haga el loco y me baje una cuadra adelante tan solo por ver de nuevo este freak show. Ella es un buzo caminando por el lecho marino de un océano de aire.

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Filipo Rviz y el Taller del Cuento Ciudad de Bogotá 2008

Sobre esta página

Filipo Rviz / Felipe Gómez abre este espacio en abril de 2008 cuando hizo parte del Taller de Cuento Ciudad de Bogotá 2008.
Dirigido por Carlos Castillo Quntero
http://www.tcuentobogota.blogspot.com

Desde entonces esta Bolsa de Ideas reune los relatos preliminares.


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