"Lo hecho, hecho está". Esta era la frase última de Margarita.
- Nano, soy yo.
- ¿que quieres flaca?
- encontré unos hongos que son la berraquera.
- ¿y?
- como no te gusta meter sintético, pensé que querías probarlos.
- ¿cuándo?¿yá?
- ¿por qué no?
Nunca pensaba en las consecuencias de los actos. Ella no me reprochaba directamente mi forma de ser parsimoniosa, lo hacía a cada instante cuando entrábamos en contravía por su modo de ser. De vez en cuando le decía yo que prefería estar completamente seguro de mis actos y no tener sorpresas.
- no he estudiado para el parcial del martes.
- tienes tres días para hacerlo.
Se escuchó por el auricular cuando chupo el cigarrillo, frunció el ceño, arrojó el humo y añadió:
- listo nano, si te quieres hacer el marica y sacarme el cuerpo te la tendré en cuenta.
- ¡espera!
Escuché como tomaba el cigarrillo de nuevo entre sus labios y sonreia con malicia.
- llego en una hora. ¿Llevo algo de tomar?
- moscato.
Colgué. Dejé una nota en el comedor avisando que no llegaba esa noche, tomé la chaqueta y salí de casa. Detestaba como no podía poner resistencia a sus caprichos y terminaba complaciéndola, la detesté a ella aún mas cuando me lavó un busetero en la 30 mientras esperaba el colectivo para boulevar.
A ella la conocí a los cinco años. Jugábamos fútbol en la calle por la tarde cuando llegó con su familia en una bonita toyota burbuja de traqueto, seguida por el camión de trasteos rojas. Entró a la casa con una cajita de cosas personales, al rato volvió y nos preguntó si podía jugar con nosotros. Quedó en el equipo de Ramón. Pensé que se iría de cara contra el suelo cuando empezara a correr, pero agarró con una mano la falda y peló los zapatos de charol jugando hasta quedar empapada de sudor.
Casi todos los del barrio íbamos a la escuela distrital, quedaba a 10 minutos a pie, pero ella iba en ruta a su colegio bilingüe femenino en calatrava. Ella fué por un buen tiempo la única niña jugando con niños fútbol, decía que la aburrian las demás niñas con sus cosas rosadas, siempre tan delicadas. Ya estaba loca, le encantaba jugar rejo quemado, se iba montando bicicleta por la avenida principal, cruzaba el caño que estaba detrás del parque por los tubos regordetes de agua potable. Siempre tenía costras en las rodillas, lo cual nunca fue problema en el colegio por que el uniforme exigía medias largas. Andábamos para arriba y para abajo ramón, carlos, felipe, juancho, la flaca y yo. A los once años comenzamos a jugar escondidas, tarrito y yermis con las vecinas. No fue hasta los trece que empezamos con escondidas americanas y pico botella, a los catorce a alquilar películas y verlas en la casa de catalina, a rotarnos las novias, ir a fiestas en el salón comunal y emborracharnos con aperitivos de aguardiente en el parque.
Bajé del colectivo, estaba lloviendo, pasé por el carulla y compré un cavernet sauvignon chileno en promoción. Conocía bien el lugar, pero me sentía extraño, un mosco en leche. Son las enseñanzas de casa, siempre me sentiré incómo en un barrio estrato cinco o seis, pordebajeándome. Compré una caja de Mustang con la vecina de la esquina, caminé y fumé sacando de mi mente preocupaciones que joderían el viaje, la flaca siempre notaba la mala vibra de inmediato. A paso lento son dos cigarrillos desde el almacén hasta su apartamento, velocidad precisa para sentir el frío colándose por el cuello de la chaqueta, pisar leves charquitos en el andén y disfrutar el humo.
Me faltaba cuadrarme con Margarita. Yo tenía 14 y ella 15, la cosa no funcionó, sus senos redonditos, una cintura preciosa y su culo parado no fueron para mí. Se cuadró con un tipo universitario y yo quedé como su mejor amigo. Así que volví con Jennifer y las cosas quedaron así incluso después que ella terminara con el universitario cuando lo pilló follandose a otra luego de seis meses de noviazgo. Dos semanas después nos fuimos los dos a tomar de noche sentados en la sillita de siempre en el parque. Compramos dos botellas de ron. Yo pensaba que estaba simplemente despechada.
Los primeros tres tragos bajaron en silencio. Encendió un cigarrillo y me pasó otro. Era la primera vez que fumaba, se cagó de la risa cuando me vió toser. Me dijo que era un tonto por no contarle, se suponía que éramos buenos amigos y debíamos saber todo el uno del otro. Empezamos hablando por mi casa, le conté que todo era normal, ella me pidió que le contara qué era lo normal para mí, la relación padre-madre, la mia con mis padres, abuelos, tíos... llegando a la media botella empezó ella a contar su cotidianidad. Su padre era un borracho, le pegaba de vez en cuando a su madre y a ella. Sabía que su papá tenía otra mujer, al parecer un uno de los "putos barrios de muy al norte" como ella los llamaba. Su madre vivía encantada de las apariencias, yendo de compras a Unicentro y Galerías, nunca conversaban. No tenía más familia. Nunca supo del origen de su madre, y la família de su padre la detestaba. Decía que su madre era una puta, conoció a su padre y se tiró el matrimónio que ya tenía. Sabía que sus padres terminarían separandose, que su madre le sacaría una buena tajada y se iría con el mozo, y su padre cumpliría la absurda fantasía de vivir en España.
Me contó como terminó metida con el tipo de la universidad. Al principio fue tierna la cosa, luego el hijo de puta la partió cuando tiraron sabiendo que era vírgen. Como ella estaba tragadita y despampanada por que el pendejo se creía lo último en guaracha, hacía todo lo que él le decía, y terminó fumando marihuana y metiendo perico. Yo quedé sin palabras. Fuí a mear y tomamos otro rato en silencio, su rostro reflejaba tranquilidad. El sereno nos pateó cuando acabamos la primera botella. Era un pacto implícito quedar jinchos de la perra esa noche, seguimos con la segunda, se cayó un par de veces cuando fue a orinar agarrada de un árbol, volvió y me abrazó, me dió un beso en la mejilla y me dijo que me quería mucho. No se por qué diablos me avergoncé tanto cuando le dije que yo era todavía vírgen, ella estalló en carcajadas,, no por el hecho sino por mi actitud, luego de un rato se paró a vomitar y terminó en cuatro patas, le agarré el pelo para que no se untara, "huy parce, gracias" decía mientras se limpiaba con el brazo la boca, Seguimos riendo, fumando y tomando hasta acabar la segunda botella.
No sé como llegamos a su cuarto, tiritando del frío. Nos quitamos el pantalón y el saco empapados por el rocío de la madrugada, nos metimos en la cama. Todo me daba vueltas, aún tenía el firme propósito comérmela, pero con cariñito, como ella me dijo que debía hacerle a Jennifer, como sabía que a ella le hubiera gustado la primera vez. Pero ella se acostó dandome la espalda. Quería besarla pero no sabía si la cagaría con ella. Entonces el milagro ocurrió, se dió la vuelta y me besó, la abracé. No sé por qué diablos se detuvo, se dió la vuelta y se arrunchó poniéndo su cola en mi pija llena de alcohol e insevible. La borrachera nos ganó y dormimos.
- Hola guapa.
- mira los hongos.
- ¿de donde los sacaste?
- villa de leyva.
- ¿segura que no son tóxicos?
- ¿sumercé cree que sería capaz de envenenarlo?
- tal vez si la encuentro de mal genio.
- ¡hey!
- sabes que es un cariñito.
- ¿qué trajiste? déjame ver. ¡Ea! un undurruaga, te luciste nano.
- estaba en promoción.
- ¿entonces no fue nada especial?
Nunca hubo otro encuentro sexual, lo que hecho, que nu fué mucho, hecho estuvo y punto. Seguí con mi novia y ella en sus cuentos raros.
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Agitar las turbias negras aguas del pasado puede traer consecuencias nefastas.
- Nano, soy yo.
- ¿que quieres flaca?
- encontré unos hongos que son la berraquera.
- ¿y?
- como no te gusta meter sintético, pensé que querías probarlos.
- ¿cuándo?¿yá?
- ¿por qué no?
Nunca pensaba en las consecuencias de los actos. Ella no me reprochaba directamente mi forma de ser parsimoniosa, lo hacía a cada instante cuando entrábamos en contravía por su modo de ser. De vez en cuando le decía yo que prefería estar completamente seguro de mis actos y no tener sorpresas.
- no he estudiado para el parcial del martes.
- tienes tres días para hacerlo.
Se escuchó por el auricular cuando chupo el cigarrillo, frunció el ceño, arrojó el humo y añadió:
- listo nano, si te quieres hacer el marica y sacarme el cuerpo te la tendré en cuenta.
- ¡espera!
Escuché como tomaba el cigarrillo de nuevo entre sus labios y sonreia con malicia.
- llego en una hora. ¿Llevo algo de tomar?
- moscato.
Colgué. Dejé una nota en el comedor avisando que no llegaba esa noche, tomé la chaqueta y salí de casa. Detestaba como no podía poner resistencia a sus caprichos y terminaba complaciéndola, la detesté a ella aún mas cuando me lavó un busetero en la 30 mientras esperaba el colectivo para boulevar.
A ella la conocí a los cinco años. Jugábamos fútbol en la calle por la tarde cuando llegó con su familia en una bonita toyota burbuja de traqueto, seguida por el camión de trasteos rojas. Entró a la casa con una cajita de cosas personales, al rato volvió y nos preguntó si podía jugar con nosotros. Quedó en el equipo de Ramón. Pensé que se iría de cara contra el suelo cuando empezara a correr, pero agarró con una mano la falda y peló los zapatos de charol jugando hasta quedar empapada de sudor.
Casi todos los del barrio íbamos a la escuela distrital, quedaba a 10 minutos a pie, pero ella iba en ruta a su colegio bilingüe femenino en calatrava. Ella fué por un buen tiempo la única niña jugando con niños fútbol, decía que la aburrian las demás niñas con sus cosas rosadas, siempre tan delicadas. Ya estaba loca, le encantaba jugar rejo quemado, se iba montando bicicleta por la avenida principal, cruzaba el caño que estaba detrás del parque por los tubos regordetes de agua potable. Siempre tenía costras en las rodillas, lo cual nunca fue problema en el colegio por que el uniforme exigía medias largas. Andábamos para arriba y para abajo ramón, carlos, felipe, juancho, la flaca y yo. A los once años comenzamos a jugar escondidas, tarrito y yermis con las vecinas. No fue hasta los trece que empezamos con escondidas americanas y pico botella, a los catorce a alquilar películas y verlas en la casa de catalina, a rotarnos las novias, ir a fiestas en el salón comunal y emborracharnos con aperitivos de aguardiente en el parque.
Bajé del colectivo, estaba lloviendo, pasé por el carulla y compré un cavernet sauvignon chileno en promoción. Conocía bien el lugar, pero me sentía extraño, un mosco en leche. Son las enseñanzas de casa, siempre me sentiré incómo en un barrio estrato cinco o seis, pordebajeándome. Compré una caja de Mustang con la vecina de la esquina, caminé y fumé sacando de mi mente preocupaciones que joderían el viaje, la flaca siempre notaba la mala vibra de inmediato. A paso lento son dos cigarrillos desde el almacén hasta su apartamento, velocidad precisa para sentir el frío colándose por el cuello de la chaqueta, pisar leves charquitos en el andén y disfrutar el humo.
Me faltaba cuadrarme con Margarita. Yo tenía 14 y ella 15, la cosa no funcionó, sus senos redonditos, una cintura preciosa y su culo parado no fueron para mí. Se cuadró con un tipo universitario y yo quedé como su mejor amigo. Así que volví con Jennifer y las cosas quedaron así incluso después que ella terminara con el universitario cuando lo pilló follandose a otra luego de seis meses de noviazgo. Dos semanas después nos fuimos los dos a tomar de noche sentados en la sillita de siempre en el parque. Compramos dos botellas de ron. Yo pensaba que estaba simplemente despechada.
Los primeros tres tragos bajaron en silencio. Encendió un cigarrillo y me pasó otro. Era la primera vez que fumaba, se cagó de la risa cuando me vió toser. Me dijo que era un tonto por no contarle, se suponía que éramos buenos amigos y debíamos saber todo el uno del otro. Empezamos hablando por mi casa, le conté que todo era normal, ella me pidió que le contara qué era lo normal para mí, la relación padre-madre, la mia con mis padres, abuelos, tíos... llegando a la media botella empezó ella a contar su cotidianidad. Su padre era un borracho, le pegaba de vez en cuando a su madre y a ella. Sabía que su papá tenía otra mujer, al parecer un uno de los "putos barrios de muy al norte" como ella los llamaba. Su madre vivía encantada de las apariencias, yendo de compras a Unicentro y Galerías, nunca conversaban. No tenía más familia. Nunca supo del origen de su madre, y la família de su padre la detestaba. Decía que su madre era una puta, conoció a su padre y se tiró el matrimónio que ya tenía. Sabía que sus padres terminarían separandose, que su madre le sacaría una buena tajada y se iría con el mozo, y su padre cumpliría la absurda fantasía de vivir en España.
Me contó como terminó metida con el tipo de la universidad. Al principio fue tierna la cosa, luego el hijo de puta la partió cuando tiraron sabiendo que era vírgen. Como ella estaba tragadita y despampanada por que el pendejo se creía lo último en guaracha, hacía todo lo que él le decía, y terminó fumando marihuana y metiendo perico. Yo quedé sin palabras. Fuí a mear y tomamos otro rato en silencio, su rostro reflejaba tranquilidad. El sereno nos pateó cuando acabamos la primera botella. Era un pacto implícito quedar jinchos de la perra esa noche, seguimos con la segunda, se cayó un par de veces cuando fue a orinar agarrada de un árbol, volvió y me abrazó, me dió un beso en la mejilla y me dijo que me quería mucho. No se por qué diablos me avergoncé tanto cuando le dije que yo era todavía vírgen, ella estalló en carcajadas,, no por el hecho sino por mi actitud, luego de un rato se paró a vomitar y terminó en cuatro patas, le agarré el pelo para que no se untara, "huy parce, gracias" decía mientras se limpiaba con el brazo la boca, Seguimos riendo, fumando y tomando hasta acabar la segunda botella.
No sé como llegamos a su cuarto, tiritando del frío. Nos quitamos el pantalón y el saco empapados por el rocío de la madrugada, nos metimos en la cama. Todo me daba vueltas, aún tenía el firme propósito comérmela, pero con cariñito, como ella me dijo que debía hacerle a Jennifer, como sabía que a ella le hubiera gustado la primera vez. Pero ella se acostó dandome la espalda. Quería besarla pero no sabía si la cagaría con ella. Entonces el milagro ocurrió, se dió la vuelta y me besó, la abracé. No sé por qué diablos se detuvo, se dió la vuelta y se arrunchó poniéndo su cola en mi pija llena de alcohol e insevible. La borrachera nos ganó y dormimos.
- Hola guapa.
- mira los hongos.
- ¿de donde los sacaste?
- villa de leyva.
- ¿segura que no son tóxicos?
- ¿sumercé cree que sería capaz de envenenarlo?
- tal vez si la encuentro de mal genio.
- ¡hey!
- sabes que es un cariñito.
- ¿qué trajiste? déjame ver. ¡Ea! un undurruaga, te luciste nano.
- estaba en promoción.
- ¿entonces no fue nada especial?
Nunca hubo otro encuentro sexual, lo que hecho, que nu fué mucho, hecho estuvo y punto. Seguí con mi novia y ella en sus cuentos raros.
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Agitar las turbias negras aguas del pasado puede traer consecuencias nefastas.

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